Fastos barojianos

barojabienCon el 60 aniversario de la muerte de Pío Baroja vuelven los fastos barojianos en esta cultura nuestra de la conmemoración, el evento y las funciones culturales institucionales.  Alguno se extraña de que mi nombre no aparezca por ninguna parte relacionado con Baroja. Soy conflictivo, dicen, ellos sabrán por qué,  y que mis trabajos nada valen, es una opinión, molesta, pero opinión.
Para mí Baroja es una página de mi vida ya pasada. Creo que, al margen de haber escrito cientos de páginas, soy sin duda el escritor en lengua castellana que más paginas ha escrito sobre el autor y su obra, lo digo sin jactancia, solo porque es verdad, molesta por lo visto, pero verdad (reto a cualquiera a comprobarlo), y porque nadie lo va a decir en mi lugar: biografías, estudios de aspectos parciales, conferencias, artículos, reseñas, prólogos, trabajos puntuales… ha sido tirar mi tiempo y mis ganas por la ventana: trabajos inútiles y ya perdidos, por ninguneados a conciencia por los bonzos de la cultura política española, pues en estos términos es preciso hablar ya. Escribí una extensa biografía, Pío Baroja, a escena, (destruida), la más completa me temo, nada. Escribí un ensayo exhaustivo, hasta la minucia dijeron, sobre Baroja y la Guerra Civil, Tiempos de tormenta. silencio, mi trabajo de edición de su mejor novela inédita, Miserias de la guerra,  silencio también, o casi… eso aburre a cualquiera, y luego los malos modos, la mala saña, las mentiras, las insidias, los vetos, las zancadillas, los insultos… como digo, eso cansa a cualquiera, es muy triste en  lo personal y afectivo, y al final te obliga a pasar página, y a olvidarte de Baroja para siempre… de la gentuza que lo tiene patrimonializado ahora mismo es más difícil.
En este país escribir algo crítico en dirección contraria a las devociones comerciales y culturales no te reporta nada bueno. No hay que apartarse de la línea oficial, académica o industrial, hay que repicar como un doctrino la papilla de los devocionarios y de las funciones organizadas en loa del estafermo, que en eso han convertido con sus incensarios y novenas a Pío Baroja. De lo contrario estás fuera.

Rue des solitaires

13221059_1150862364946236_5116867257641907973_n1.- Esa es una calle muy frecuentada sobre todo por los que no lo son  y hacen de la soledad una impostura literaria de baja estofa. Pocos son los que no reivindican estar en ella domiciliados de fijo, nada de residencia secundaria, nada, por mucho que la miga de su vida sea el enredo, la madeja de dímes y diretes, la bulla de los acólitos, el cruce incesante de llamadas y mensajes… solitarios, sí, del mundo uníos, dejó dicho D’Ors de aquel escritor falangista que se murió en una sucia ciudadela disfrazada de vergel toscano… De no creer… sí, de mucho creer, tal vez demasiado… los cepos te esperan donde menos te lo esperas

2.- En la calle de los Solitarios, del barrio de Belville, en Paris, localizó Pío Baroja su novela El hotel del cisne (sobre la que escribió un magnífico ensayo Juan Pedro Quiñonero), pero en la que jamás hubo un Hôtel du Cigne, como sostiene Mainer. Yo ya dije donde y en qué circunstancia pudo ver Baroja un Hotel del Cisne, con su flamante enseña de neón, y no voy a repetirlo, porque para qué. Pasé por ella por última vez hace seis años. Estaba menos descalabrada a como la recordaba de otras ocasiones en las que, por razones familiares, anduve por esos rumbos… habían pasado unos cuantos años, la verdad. Dicho lo cual, esa novela crepuscular de Baroja y su historia es para mí de lo que más interés conserva su obra (y el ensayo de Quiñonero, que me parece ineludible y ofrece un copioso abanico de pistas a seguir en la novela y más allá de esta)