Escondrijos

dsc_0053-copia-2A cierta edad no sabes si los has buscado y escogido, o estás en ellos porque no te queda más remedio. La virtud del burlado, poca virtud es esa. No veo a Selkirk, abandonado en Juan Fernández, por negarse a pilotar un barco podrido de broma, gritándoles a sus camaradas de ayer mismo: “¡Nunca seré de los vuestros!”. Cierto, nunca lo serás, porque tu sitio es otro y porque por mucho que la aporrees, jamás te abrirán la puerta: el Ministerio de la Ventaja es una fortaleza inexpugnable, la Academia de los Tramposos tienen la puertas blindadas y su  gatera no es sino un cepo, La Voz de su Amo, la de los ricachones, que con sus periódicos difunden las consignas de su casta, es una armería, un polvorín, una redacción periodística trucada por mucho que finjan ser heraldos de libertades.  Mejor, el escondrijo, el zoko, el corazón del bosque, la torre vigía: sacaste el título de tartufo, con honores, en la Academia de la Zorra, rúa de las Uvas Verdes.

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