Cuestión de máscaras

MarionettenEntre lo que somos y lo que nos gustaría ser, está la máscara. Un disfraz bufo o terrible de deseos profundos que el pudor o el temor al castigo, o al ostracismo ayuda a mantener ocultos. Máscaras de carnaval y máscaras ceremoniales de trato con ese más allá que llevamos en la penumbra de la conciencia. Pantomimas de noche en vela y sus acosos, en las que somos protegonistas, víctimas, verdugos, triunfadores, perdedores, pero sobre todo amos, de nuestro insomnio.

Muertos privados

tumblr_n5rfy4xiqd1smyw5do1_1280Esa máscara yoruba articulada me sugiere reflexionar sobre qué muertos o qué funerales llevamos en la cabeza, a los invisibles me refiero, a los que nuestra virtud pública oculta, a los de nuestra peor cara, esa que es preciso ocultar para no concitar nuestra reprobación social: regocijarse con la muerte de nuestros enemigos no es que esté mal, que no lo sé, sino que está mal visto, lo otro depende mucho del ambiente social y de quien dirija la orquesta y convierta la muerte del enemigo en una fiesta. Llevamos muertos en la cabeza, eso está claro, y no todos son “de los nuestros”. La máscara respetable y virttuosa es un recurso, pero a solas y sobre todo inter pares, la cosa cambia. La pregunta fundamental para mí es si tú serías capaz de matar, con impunidad claro y frialdad, no arriesgando una pesada condena y con independencia de las circunstancias, por venganza, por odio.

Finnegans wake

img_0104Llevo un par de horas recorriendo estás páginas y no salgo de mi asombro. No voy a decir que no entiendo nada, aunque sea así, pero me pierdo como quien se extravía de noche en un bosque cerrado. La tarea de trasladar ese artefacto narrativo al castellano me parece algo colosal, asombroso. Intentar leer esas páginas de una manera convencional me parece inútil.  ¿Hay otra forma de intentarlo? Puedo decir que me dejo llevar por la escritura, tampoco funciona, ese torrente está lleno de escollos y de escolios, la distorsión del lenguaje no siempre es descifrable ni mucho menos, y el desafío de encontrar una perla rara tampoco es un estímulo que se sostenga durante mucho tiempo. Te pone a prueba como lector. Mentiría si dijera que me esperaba otra cosa porque conocía su edición francesa y algún intento en castellano o el trabajo académico de Francisco García Tortosa, exhaustivo y clarificador, amén de un edición inglesa que no puedo abrir más que como si fuera un grimorio. Escritura en el límite del enigma, sea, demasiados años de esfuerzo de escritura para ser inutil, más de 70.000 notas acumuladas, obra más divertida de escribir que de leer… libro de culto… ¿Legible? A la pasa espero la llegada de los listos.

Esto se acaba

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Una helada, unos golpes de ventarrón y el paisaje se verá desnudo. Pienso que esta es la época del año en que empecé a escribir Las pirañas, en 1985, y esa en la que transcurren los tres días de mi novela: los días cortos y las noches largas. Mentiría si dijera que siento nostalgia por aquellos días, por mucho que fueran los de mi treintena. Me siento incapaz de embellecerlos. De estar en algún lado, están en unos diarios inéditos: Los días inciertos. Y hablando de libros: no he logrado terminar ninguno de los libros que empecé este año y eso me pone de un humor sombrío. No es fácil sobreponerse a diario a la pregunta de qué valor tiene lo que haces, a la vez de comprobar que el tiempo corre en tu contra, y que es ahora o nunca, y resulta nunca. A cierta edad no hay componenda posible: como escritor has pasado y tu papel es otro, por mucho que te disguste. Si no fuera por las redes sociales viviría en un aislamiento casi completo. Si cortas esa comunicación virtual no sobrevine otro silencio que ese en el que ya estabas. ¿Nos hemos desaparecido los unos para los otros? ¿Sirve esa vida retirada para escribir mejor? Lo dudo. Esa imagen del escritor aislado del mundo en su dacha me resulta repulsiva, cuando se pone de ese modo en escena. El escrito de verdad solitario es el que no cuelga cartel de tal cosa, como decía Séneca en una de sus cartas a Lucilio. La soledad lleva al soliloquio y este al desvarío o a la estolidez, todo lo demás son puestas en escena mejor o peor armadas.

Nieblas

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La pesadumbre de los poemas de Georg Trakl y sus crepúsculos. De un personaje de El muelle de las brumas decían que tenía niebla en la cabeza. Mal asunto ese. Estás entonces de verdad lejos, en lugares que existen apenas, borrosos, pues cualquiera que haya puesto allí su pie no puede asegurarlo y vaga desorientado e inseguro, es Melville quien habla, y lo hace de Las Encantadas, pero estos no pasan de ser lirismos, pacotillas literarias… vives donde vives, embelleces como puedes la puesta en escena para no callar y con ello no zozobrar del todo, para no verte obligado a admitir que no tienes ni idea de qué haces aquí, en esta especie de eremitorio banal, muestras lo que ves, no lo que está a tu espalda, ni en el lugar de la niebla: el paisaje no lo es todo, el paisaje puede calcinarse y sobre todo oscurecerse y ser un cepo, y eso depende más de ti que de las estaciones y sus luces.

 

Leyendo a Blas de Otero

3521853Abro las obras completas de Blas de Otero –un regalo de aniversario de una vida en compañía–. Si lo hago es en busca de un consuelo de día gris, bajo y pardo, en el que todo parece pardo, y encuentro este poema, no al azar, porque la página estaba marcada, pero a la vuelta…

Juntos

Esta tierra, este tiempo, esta espantosa podredumbre
que me acompaña desde que nací
(porque soy hijo de una patria triste
y hermosa como un sueño de piedra y sol; de un tiempo
amargo como el poso
de la historia):
esta tierra, este tiempo que tiran de mis pies
hasta arrancar los huesos a mi esperanza última,
¡ah, no podrán, jamás podrán vencerme,
porque mi mano se me va y se agarra
a otra mano de hombre y a otra mano
que me encadenan, madre inmensa, a ti!

Y en la página vuelta, este otro que sí estaba marcado, los dos de Pido la paz y la palabra, los libros pohibidos de mia adolescecia,  comprados de matute, premonitorios, decimos porque creemos que estamos a salvo

…porque la mayor locura que puede
hacer un hombre en esta vida es
dejarse morir, sin más ni más…
SANCHO
(Quijote, II cap. 74.)

I

Me llamarán, nos llamarán a todos.
Tú, y tú, y yo, nos turnaremos,
en tornos de cristal, ante la muerte.
Y te expondrán, nos expondremos todos
a ser trizados ¡zas! por una bala.

Bien lo sabéis. Vendrán
por ti, por ti, por mí, por todos.
Y también
por ti.

(Aquí no se salva ni dios, lo asesinaron.)

Escrito está. Tu nombre está ya listo,
temblando en un papel. Aquél que dice:
abel, abel, abel…o yo, tú, él…

II

Pero tú , Sancho Pueblo,
pronuncias anchas sílabas,
permanentes palabras que no lleva el viento..

Item más (propio):

Claro, claro, somos apocalípticos, tremendistas,
hasta que quien lo dice, displicente, boca de lapo,
con el mismo juego y yendo de mano
se cobra algo más que el barato de la timba
¡Truco!, sí, truco como en Los hijos de Martín Fierro,
¡Truco!, como en Una sombra ya pronto serás
Truco no, timba amañada.

 

 

Caza de citas (leyendo a Nicolas Bouvier)

dsc_0035“Si hoy en día ya casi no podemos hacer progresos en el arte de destruirnos, queda mucho camino por recorrer en el arte de comprendernos los unos a los otros” (Crónica japonesa).
Cuando comprender significa acatar, sin réplica posible,  ideas, creencias y prejuicios que nos son ajenos, es preciso hablar de otra cosa.Y en la misma página sigue Bouvier: “Ánimo: estamos mucho más vinculados de lo que creemos, pero nos olvidamos de recordarlo” (1965). Optimista incurable Bouvier, pero me temo que entre lo que hay y lo que nos gustaría que hubiera, hay una distancia me temo que insalvable.

 

La nieve, gran cosa la nieve

dsc_0071No he podido resistir la tentación de echarme a la nieve. He tirado camino de Auzkue bajo la nevada intensa, pero estaba feo, y más que feo, inquietante. La pista de Arraioz a Ciga estaba en ese primer tramo, cortada en varios sitios por las ramas desgajadas de los robles y de algún viejos castaño. Si no es por alguno de esos golpes de ventarrón del sur que se dan por aquí, no me lo explico poque tampoco  está nevando como para que las ramas se rompan por el peso de la nieve. El ruido de las ramas al romperse y desgajarse y cer sobre le camino o el interior del bosque era estruendoso. Un paisaje de brumas, nieve y relativa quietud. Como preveía, las huellas de los corzos estaban en la nieve, ya saben ellos por dónde. Buen día para leer a Trakl, se me ocurre, y a ese magnífico novelista que es el polaco Andrzej Kuśniewicz, a quien no pude visitar, en 1989, cuando estuve en Varsovia, unos días de niebla y nieve como hoy, porque aquella antipática gente no lo juzgó oportuno y no me dejaron ponerme en contacto con él… y estaban tirando el muro aquellos días, pero ellos, gente del aparato del Estado, cambiaba dólares a como sea en los retretes de los resturantes del aparatisch… recuerdo que a mi regreso a Madrid estaba en la calle Fundadores en el coche de uno de mis hermanos, a carcajadas, echando billetes y más billetes de zlotys inservibles sobre el salpicadero. Se eacercaron  unos mangutas a dar el palo, vieron el género y dieron media vuelta… la nieve, qué cosa, a la del doctor Monardes me refiero no a la pichicata, ¿eh? tengamos la fiesta en paz.

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Llegó la nieve

dsc_0015Llegó la nieve. Empezó a caer antes de que amaneciera del todo. Los críos entraron en la ikastola con más alboroto de lo habitual. Voces festivas las suyas. La nieve trae con ella una inexplicable alegría. Ahora se ha ido y las ovejas que hay en el prado frente a mi casa se han quedado quietas y han terminado por ir a buscar un abrigo. Un golpe de esquila de cuando en cuando. El tiempo de las andadas de la nieve ya pasó, eran feroces, largas, imprevisibles… La nieve está bien para verla a cubierto o para caminar un rato y prestar atención al silencio que viene con ella, quedarse a la escucha, aparece el pájaro que no ves y las huellas del corzo o del jabalí que de ordinario se esconden en la espesura. Invita a sentarse a la mesa, a los platos contundentes, a la sobremesa y a la converación. Y que el fuego arda en un rincón, como postulaba Thomas de Quincey en sus Confesiones de un inglés comedor de opio… la botella de laúdano a mano y un libro de metafísica alemana (en su caso). Si es para descargar camiones no está tan bien, me dice un amigo escritor que anduvo de costalero por los Estados Unidos (Claudio Ferrufino-Coqueugniot lo cuenta en El exilio voluntario) y para perderse en ella o quedarse bloqueado en un lugar perdido, tampoco… Una novela de la nieve: Hacia rutas salvajes, de Jon Krakauer. Sigue nevando y acaba de pasar un rebaño, ganas me dan de echarme a dar una vuelta…

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